Mi trabajo tiene como pilares las formas simples y concretas sin grandes pretensiones, cotidianas y cercanas, familiares, vistas. Es dentro de este contexto seguro y conocido donde comienza el juego. El cuadro se viste de capas que van armando el contenido gracias a la diferencia en texturas, grosores y transparencias del trazo. La obra se va preparando para lo que viene después, crea un contexto donde no sólo se refleja el tema sino también la convergencia e interacción de todos los elementos, materiales y colores. Este último elemento juega como rey, le otorga la importancia y sentido al cuadro dejando la formalidad de lo correcto fuera de la experiencia. Este concepto, lo que “no debería ser” pero que aún así nos regala belleza, esa libertad de pintar sin responder a nadie, el espacio para ser niña y adulta a veces “correcta” y otras “incorrecta”, es lo que me interesa escalar y poder mostrar.

El trabajo en serie me resulta atractivo y desafiante, interesante. Cuando el tema me divierte y me resulta placentero y responde a algún sentido o experiencia que quiere hacerse presente o rememorado, cuando quiero recordar y sumergirme en lo simple o en algún mundo más grande y diferente. El tema responde siempre al lugar o estado en donde me gustaría estar, a dónde me gustaría volver, qué busco sentir, qué y quiénes están en mi cabeza. Las imágenes y cantidad de cuadros nacen de la mano con eso, se hacen presentes y de esta manera arman la composición de la serie.